martes, 15 de noviembre de 2011

UNA PEDAGOGIA CENTRADA EN LA PRÁCTICA COMO RESPONSABILIDAD SOCIAL


Vivimos en una ola de reduccionismos. Sometemos a la educación solo a la enseñanza, la pedagogía a la didáctica. Tomando en cuenta  a la complejidad del todo y el proceso educativo, nos es más cómodo subyugar y facilitar la concepción al fragmento. Es así que, la práctica educativa es solo práctica docente.
Estamos seguros que La educación es formar la conciencia, partiendo de ciertos valores y fines socioculturales. Es un proceso que debe desarrollar evidencias científicas y no conveniencias sectarias. Pero preferimos lo ultimo es meros exigente, es mas fácil destruir (reducir) que construir (sumar)
El rol educativo es patrimonio de la humanidad, de la sociedad, de la familia y de todo hombre y mujer,  no es exclusividad de ninguna colectividad. Si realmente queremos llegar a una practica social, debemos tomar en cuénta el rol importante que tiene el profesor como educador, pero tambien el dirigente como educador, el amigo como educador, el político como educador.
Entonces debemos entender a la pedagogia como una parte de la educación que asume  la responsabilidad social. Responsabilidad social que  implica, (parafraseando al autor mencionado),  tomar en cuenta la necesidad  de que lo pedagógico sea más político y lo político más pedagógico. Hacer lo pedagógico más político. Simboliza insertar los procesos educativos en la cosa pública, ya que éstos representan una lucha en función a las relaciones de poder. Implica desarrollar en los estudiantes conocimientos y una seguridad profunda y duradera en la posibilidad de superar las injusticias económicas, políticas y sociales, y para humanizarse ellos mismos como parte de esa lucha. Y hacer lo político más pedagógico. Comprende servirse de formas pedagógicas con sentido político, que formen a los estudiantes como sujetos críticos, problematicen el conocimiento, manejen el dialogo como la posibilidad de elegir, de proyectar y de construir sueños y esperanzas, para construir un nuevo mundo con justicia y equidad. Hoy, los procesos educativos necesitan recuperar en la concepción y práctica la  dimensión pedagógica y político cultural. Esto quiere decir que la educación es un proceso social, intencionado, de mediaciones y negociaciones políticas e interculturales.
Henry  A. Giroux, nos plantea ¿La escuela es un espacio formativo o reproductivo?
La escuela es un espacio donde asisten las personas para ser educadas y ser capaces de aprender a lo largo de su vida. Las conceptualizaciones del término”escuela” van de las más clásicas utópicas  a las más reales.
Para sustentar la necesidad de una práctica social a partir de una practica pedagógica, hacemos referencia a las manifestaciones de Giroux “La enseñanza es un servicio público absolutamente clave para la vida de un país. La escuela ofrece a la nación la posibilidad de dedicarse por si misma y de una manera reflexiva a configurar una educación dedicada a una ciudadanía responsable, al tiempo que apela a las responsabilidades de las futuras generaciones en la lucha en  favor de la democracia"
¿Cómo formar a los estudiantes dentro de una  inclinación  donde  las aulas no solo sean medios para la movilidad social y económica, Cómo demostrarles que las escuelas pueden ser influencias, económico- político, de manera que todos podamos participar en el progreso y  desarrollo de la nación? Cómo prepáranos y preparar a los estudiantes para que se convenzan, que ineludiblemente, las escuelas debieran ser la primera línea de garantía de: equidad Justicia y libertad.
El autor nos sugiere,  la necesidad de “educar a los alumnos con el conocimiento y habilidades que necesitarán para participar en el mundo público, para ser actores de un gran escenario y participar en la conversación pública acerca de temas educativos, políticos, sociales y culturales.
Esto implica el desarrollo de prácticas educativas que conecten el pensamiento crítico con la acción colectiva, el conocimiento y poder con una impaciencia profunda con respecto al status quo, y a la mediación humana para la responsabilidad social. Las escuelas de educación inicial, primaria, secundaria, universitaria, deben proporcionar a los alumnos posibilidades de pensamiento crítico, de ciudadanía social y una vida democrática vigorosa.
Por todo lo mencionado los docentes debemos poder discutir las formas de pedagogía que acerquen la escuela al mundo real, hacer del currículo esa cultura social que tiene que ser tratada en el proceso de enseñanza - aprendizaje. El currículo debe estar organizado alrededor del conocimiento que se relaciona con las comunidades, las culturas y las tradiciones que dan a los estudiantes un sentido de historia, identidad y lugar.
La escuela de hoy, se encuentra frente a una oportunidad histórica de reconstrucción. Entonces una Bolivia, refundada, requiere de una escuela diferente.  Una escuela como ‘comunidad de aprendizaje y participación social’ (PRELAC, 2002), donde los padres y madres de familia, docentes, estudiantes, directivos y autoridades se reconocen y actúan como ‘actores’ y ‘autores’ tanto del proceso educativo como de la dinámica institucional. Sentirse y actuar como actores y autores sólo es posible en una escuela comprendida como una organización en permanente dinámica de de-construcción y re-construcción a partir del protagonismo de los sujetos que hacen a la comunidad educativa.
Debemos superar la idea de que la escuela logre avanzar hacia un constructo  para una sociedad industrial, debemos ir más allá de una sociedad de la información y conocimiento, debemos trabajar para que la escuela se articule a procesos de desarrollo e investigación nacional y local, reflexiva, crítica y preactiva, que construya  comunidades educativas de aprendizaje y participación social, etc. La escuela inicial, primaria, secundaria y universitaria debe recuperar el sentido de lo comunitario para constituirse en el eje articulador de las fuerzas sociales para la construcción del poder local desde lo micro hacia lo macro, desde lo originario a lo universal, desde lo singular a lo plural.
Esto supone que la escuela debe viabilizar la construcción de una nueva ciudadanía que desarrolle capacidades, habilidades y propuestas individuales y colectivas para ocupar espacios estratégicos en la definición de políticas públicas.
Como la escuela es un espacio de socialización, entonces se debe promover la constitución de  redes y comunidades educativas que interpelen lo público y las políticas públicas, para proponer lineamientos y propuestas para la transformación y construcción de una nueva sociedad pluralista.
 Los que tenemos la suerte de estar en las aulas debemos hacer de las escuelas lugares de desarrollo de nuevas relaciones sociales de carácter democrático e intercultural y  de  pertinencia curricular,  para beneficiar a los sectores mas desfavorecidos por los procesos de avance. Además se deberá promover procesos autogestionarios, descentralización en la toma de decisiones y poder deconstruir la escuela para realizarse de otra manera, no se debe ver como una simple modernización, sino que es la capacidad de construir una nueva institucionalidad coherente con los cambios que vive la sociedad. Estamos Seguros que la escuela, debería ser el campo de lucha y de conflicto entre diversas concepciones de la democracia de la democracia, de la sociedad civil y de la misma escuela para plantear proyectos que reconstruyan un nuevo entramado social crítico,  dejar visible la invisibilidad, pero teniendo cuidado que tenga sentido esa invisibilidad.

LA NECESIDAD DE UNA IDENTIDAD EN  LAS INSTITUCIONES,  QUE TRASCIENDA EN LA PRACTICA SOCIAL

Es imprescindible tener nuestra identidad como institución, que beneficie y satisfaga la demanda de la comunidad.  Si no existe un proyecto institucional claro, con una visión, una filosofía que responda a la razón de ser de una institución educativa sea escuela: primaria, secundaria, universidad, etc  entonces la práctica pedagógica de manera general como componente del quehacer pedagógico y especifico, como ámbito y área,  deja de tener una postura y una forma de identidad que trascienda en el contexto social y particularmente educativo.
En cuanto a la organización, el Proyecto Institucional se convierte en el principal instrumento de gestión de participación social, que permite alcanzar la mayor eficacia, a la hora de resolver las necesidades y las expectativas educativas de la comunidad universitaria y por supuesto de la comunidad y sociedad.
Al respecto alguien afirmaba que “Todo proyecto es el resultado de la inteligencia libre y creadora, que transforma lo trivial en sugerente y lo convierte en acción”.
Las luces del accionar en la práctica  desde la escuela primaria, secundaria y universitaria tienen que ver con la finalidad del proyecto institucional.  La finalidad es el horizonte que proporciona razón de ser al proceso de la educación
La convicción de que el sentido constituye el entramado fundamental de toda propuesta educativa, permite concebir al Proyecto Institucional como una construcción de la comunidad académica que, fiel a la propia historia, se compromete con el reto de construir su futuro, acorde a las exigencias del presente.
Toda la comunidad universitaria, tendremos que entrar dentro de un proceso permanente y sistemático de reflexión pedagógica, para construir o en su caso reconstruir el proyecto institucional para determinar su intencionalidad, es decir, su concepción acerca de persona, su concepción acerca de la relación entre persona y sociedad, y su concepción acerca de la educación, esta reflexión permitirá  a  los diversos estamentos de la institución asumir una posición crítica respecto de la propuesta institucional, para lograr que se oriente y realice de manera intencionada para responder a una práctica y necesidad social.
A su vez, la elaboración del Proyecto Institucional, concebida como un proceso abierto, dinámico y progresivo de construcción de la comunidad educativa, posibilita la orientación y adecuación de la institución a las exigencias de la renovación y transformación constante.
La posición  fundamental de un Proyecto Educativo Institucional  es su finalidad.  La finalidad es la perspectiva que proporciona razón de ser al proceso de la educación. .
La idea  de que el sentido constituye el entramado fundamental de toda propuesta educativa, permite concebir este Proyecto Educativo como una construcción de la comunidad académica que, fiel a la propia historia, se compromete con el reto de construir un futuro mejor, con una sociedad justa.
La comunidad académica, convocada para cumplir una responsabilidad histórica dentro de la construcción de un proceso permanente y sistemático de reflexión pedagógica, explicita en el Proyecto Educativo su intencionalidad, es decir, su concepción acerca de  persona, su concepción acerca de la relación entre persona y sociedad, y su concepción acerca de la educación.  Esta reflexión permitirá a los diversos estamentos de las instituciones asumir una posición crítica respecto de la propuesta educativa, y llegue a responder las demandas regionales.
A su vez, la elaboración del Proyecto Educativo, concebida como un proceso abierto, dinámico y progresivo de construcción de la comunidad educativa, posibilita la orientación y adecuación de la institución a las exigencias de cambios y transformaciones pedagógicas y  sociales, permitiendo alcanzar los objetivos trazados con miras a resolver, cubrir las necesidades y las expectativas educativas de la comunidad universitaria y de la sociedad.
El Proyecto Institucional tiene que ser: 
  • El proceso histórico de la visión original de la institución, que da origen constantemente a la misión institucional comprometida con la realidad social.
  • El ámbito de la tensión dialéctica entre la reflexión y la acción, que genera el estilo educativo institucional, la manera de sentir, pensar y actuar en educación, lo que le imprime carácter propio.
  • La proyección realista de la institución, que permite la concreción cotidiana de su específica utopía educativa en la sociedad en que vive.
  • El proceso de construcción de la comunidad educativa, en la fidelidad a su propia identidad y a la sociedad del lugar y del tiempo en que vive.
  • El elemento integrador de todos los procesos institucionales, que posibilita la aproximación a las finalidades educativas propias, destinadas a satisfacer las necesidades personales y sociales. 
  • El instrumento que promueve una gestión educativa coherente y eficaz.
Existe un sin fin de estructuras para elaborar un proyecto Educativo Institucional, lo importante es dar sentido pedagógico y ser coherente en la construcción del proyecto, ser actores y autores de un proyecto institucional es dar a
conocer la identidad de la institución (¿quiénes somos?), asegura la pertinencia socio-histórica de la propuesta educativa (¿dónde y cómo estamos?), responde de modo comprometido a las necesidades y a las expectativas sociales mediante adecuadas finalidades educativas (¿qué nos proponemos?), y aporta los criterios organizativos (¿cómo nos organizamos?) que permiten alcanzar dichas finalidades, que son la respuesta a las necesidades descubiertas en el análisis del entorno social, realizado desde la propia identidad.  

LA DUALIDAD
Simbología andina


SIMBOLOGIA CHINA
 
Un aspecto central de la cosmovisión de las culturas andinas originarias es la concepción de la dualidad como principio generador y organizador del cosmos y la realidad, atributo de lo sagrado y lo divino por excelencia. El dualismo puede considerarse como una categoría metafísica que encuentra su manifestación metafórica más abstracta a través del arte precolombino, en diversas expresiones formales y cromáticas, particularmente en el simbolismo atribuido a la luz, el brillo y ciertos usos del color. También podemos encontrar una estrecha relación entre la dualidad, el fenómeno chamánico y los momentos de pasaje, en especial la muerte, teniendo en cuenta el proceso básico que interviene en estas situaciones: el desdoblamiento y la reunificación del alma o la conciencia.

La dualidad como principio generador y organizador del cosmos y la realidad.